martes, 2 de agosto de 2011

#6. Eres lo que más he querido.

Me has cogido a mi de una mano y de la otra a los problemas que nos atacan por las noches. Me has devuelto todas las ilusiones que creí haber perdido y que tan solo habíamos jugado a esconder. Me has explicado con un par de miradas eso que nunca podría descubrir sin ti a mi lado: que no hay mejor perdón que un dulce y pausado beso en los labios, con sus respectivos adornos. Las manos sujetando mi cabeza con ternura, como si fuese la de un recién nacido; que nos tiemble la respiración, como si por algún motivo tuviésemos la sensación de que ese beso no va a ser recibido con agrado, y darnos cuenta de que pensar eso fue una equivocación totalmente natural; dejar de pensar por un momento y que se me enjuaguen los ojos mínimamente, lo suficiente como para que la boca tiemble durante menos de un segundo y que tus manos me aprieten más.
Has aparecido en cada uno de mis sueños desde hace casi tres años. Y en esos sueños me has abrazado por la espalda. Me has acariciado el alma con la yema de tus dedos, me has rasgado el corazón con mordiscos en los labios y me has sabido acariciar la espalda hasta descubrir que podías abrir cada uno de mis poros.
Sé que has sabido encontrar cada uno de mis miedos, y sé que te quedan algunos por descubrir, y también estoy segura de que lo harás. Los has cogido, me los has echado a la cara y me has echo correr. Y recapacitar. Y más tarde, volver.
Me has enseñado tantos lugares que recorreremos juntos... Me has enseñado a imaginar tantas cosas acompañada de la magia de tus palabras, de esas pequeñas frases de alguna que otra canción que sabes que me acompaña cada día, y que dicho por un silbido de tu voz es lo más perfecto que mis oídos pueden percibir.
Quererte, en si, es lo más bonito que me ha podido destinar esta vida.
 

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