Pequeño, enano, ¡Ínfimo! Sí, ínfimo. Sabía...sabía... ¿Cómo definirlo? Sabía a azul. No, mejor, a verde. Era como estar fumandomelo. Dulce y agrio, apenas salado. Único, indiscutiblemente único. Suave, eso sí. Más suave que cualquier piel o cualquier tipo de tejido. Soñar... ¡Hace soñar! Solo podía besar y acariciarle el pelo, besar y estrecharlo contra mi cuerpo. Me hacía sentir pequeñita aunque era lógico puesto que no alcanzaba más arriba de su pecho. Extraño pero cierto, me ponía de puntillas y aún así me sentía enana. Saltaba a por su cintura. Lo hacía fácil; ¡Era volar! Era sentirse un átomo. Era ligereza personificada. Era una caricia en el ombligo. Era como el sol cuando hace frío. Era solo lo que había, era un beso, no era más. Pero era diferente. Era desmayarse sin dolor. Era lo mejor desde hacía mucho tiempo. También hacía mucho que no sentía sus labios pegados. Era rapidez pero lenta. Era como un adiós de mentira. Como el susurro de un abrazo; sí, ahí acerté. ¡El susurro de un abrazo! Era una condena pero en caliente. En dulce. En verde. En papel de liar. Era extraño y poco creíble a la hora de contar, y al tiempo era de esas cosas que no se cuentan por que solo se entienden si lo vives. Es como... la felicidad que sientes al ganar tres veces seguidas al piedra, papel o tijera. Que todo empezara con una mirada y terminásemos ciegos los dos... Sobre todo él, que se reía cuando le tapabas los ojos, que realmente era como dejarlo desnudo ante la realidad. Era extraño por que nunca te había ocurrido, y maravilloso poro que te encantaba. Era... ¡Cómo el metal! Frío y duro, pero no hasta el punto de congelar. Tan solo te quitaría la respiración y probablemente solo durante uno segundos. Los suficientes para cagarte en dios y despedirte del mundo. Los suficientes para morir por dentro. Para desearte suerte en otra vida; para no dudar en las decisiones sobre todo en las acertadas. Para volver atrás y ver que no es tan difícil mantener la calma.
Y entonces volvías a respirar. Y allí seguía -metáforicamente hablando - el metal. Menos frío, eso sí. Ahora entiendes eso que te suele decir sobre que consigues derretirlo. Y es divertido por que es real. O por lo menos por que te cabe en la imaginación, y por que sintiéndolo eres feliz. Cuánto tiempo ya, eh. La gente que lo veía imposible... Y tú sigues ahí, sonriendo. Intentando buscarle algo con lo que compararlo y sin encontrarlo. ¡Lo tengo! Era como un secreto. Un secreto al oído, un secreto sucio que te hace hasta reír. Era un corazón enorme como el universo, era un latido potente, era un bafle que se movía a la vez. Y parecía imposible, tan típico de las películas: Alguien como tú en un sitio como este:
- ¿Y por qué no? - te suele preguntar.
- En un cuento yo sería una princesa y tú un macarra de chupa.
- ¡Eh! Cambiemos el cuento prototípico. Tú podrías ser la princesa que se quita el vestido y yo el macarra de chupa enamorado.
- Hey, que tú nunca te enamorarás.
Y entonces se reía y tú te reías con él, por que era así, te encantaba discutirle desde hacía año. ¿Y si no fuesen años? No importa, todo vale.
Cuenta solo la magia de cada beso, los reales y los que te imaginas; y por supuesto, los que recuerdas.
¡ Sabe a engañar dulcemente al subconsciente !