martes, 2 de agosto de 2011

#5. Como un montón de palabras cogiditas de un papel.

Hace frío. No se había dado cuenta hasta ese mismo instante. Sus labios ya estaban morados, su piel más blanca que nunca. Parecía una muñeca de porcelana. El espejo estaba a medio romper. El polvo invadía cada rincón de aquel cristal viejo. Se veía. Preferiría no hacerlo. No hacerlo nunca. Nunca más. Era un trasto viejo. Era una vieja gloria. Había tenido su momento, solo para ella, pensaba que nunca terminaría. Pero lo hizo. Lo hizo y la caída fue desde un punto demasiado elevado. La caída fue tan dura como el ruido que causó. Seguía mirándose. El vestido blanco, a estas alturas casi gris, le llegaba por encima de las rodillas. La puntilla deshilachada de las mangas rasgaba sus codos. No sabía en que momento había cambiado todo. Ni por qué había cambiado tanto.
- Sé que llego tarde.
Nadie se iba a atrever a dudar que lo hacía. No sabía que pintaba ahora allí. Ni él, ni ella. Ninguno. Él ya no se merecía que ella lo escuchase, pero en la vida, el corazón y la cabeza o se están echando un continuo pulso el cual al final, gana siempre - y sin lugar a duda - el corazón. No sabía si sonreír o llorar. No lo sabía, y tampoco sabía como decidirlo. Parecía que el frío de aquel lugar le había helado la sangre.
Prestó atención a lo que en ese momento era lo que se podía considerar como importante. Su voz sonaba como si tuviese vida propia. Fue un suspiro, un aliento que atravesó su alma como una estaca, clavándola contra la pared.
- Lo sé. Pero... Puedes perdonarme, ¿Verdad? Sé que puedes. Escapé, corrí.
- No. Huiste. Habla con propiedad, HUISTE.
- Huí, está bien. Pero he vuelto para borrar todos los daños, a borrar este pasado. Permíteme abrazarte, quiero sentirte. Lo siento, pero desde el principio, nunca estuve equivocado. Vas a ser mía para siempre. No te puedo dejar escapar.
- Ya lo has hecho una vez. ¿Qué cambia esta?

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