domingo, 4 de septiembre de 2011

The heart asks pleasure first.

No había más. No quedaba nada más allá. Lo llevaba de una mano. Tenía miedo. No quería que ocurriese nada malo, no podía perderlo, simplemente no se lo permití a sí misma. Se aferró más. Gimió. Lloraba. El miedo seguía invadiéndola y no podía hacer nada más que esperar. Ella ofrecía más fuerza para hacer la unión más fuerte y sin embargo la figura de él cada vez parecía menos humana y más un holograma. Gritó. Solo quería volar, pero solo le quedaba él. Sujetó con fuerza su muñeca y siguió tirando. Pero la fuerza se acababa por que ella también era persona y tenía derecho, todo el derecho a agotarse, tenía derecho a querer dejar todo el mundo que conocía atrás y llegar a otro en el que fuese una más a alistar. Se desplomó. No tenía la fortaleza necesaria ni para pestañear. Así que cerró los ojos, dejó que las lágrimas saliesen a presión y siguió con lo planeado. No quería que todo lo que había hecho por toda aquella historia fuese un hito muerto. Y entonces, cuando ya creía que todo se había acabado, que no quedaba forma de luchar, volvió a sentir el calor de su piel. Sintió su respiración en su cuello. Sus brazos ya no eran agarrados por la mano de ella, si no que era él el que se aferraba. Todo había pasado, todo volvía a la normalidad y ella lo tenía a su lado.

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